Hoy estamos tratando un paquete de proyectos de ley que yo denomino “vamos por todo”, falsa e hipócritamente llamado “reforma judicial”. Estamos a años luz de una verdadera reforma judicial.
Para abreviar, me remito a lo que dijo el diputado Lozano en cuanto a lo que debería ser una reforma judicial. Suscribo completamente esos lineamientos.
Además, quiero hablar del pueblo. En su nombre, la mayoría dice que quiere una Justicia popular. En contraste, en nombre del pueblo y de la militancia política de toda mi vida digo que el pueblo quiere contrapesos y control del poder. Si realmente se pretende que el pueblo sea el protagonista lo primero que tenemos que hacer es garantizarle que existe una Justicia independiente que custodia la Constitución, es decir que cuida al pueblo, que ampara sus derechos.
Hablar de Constitución y de república no es elitismo ni constituye un desdeñoso republicanismo de las ONG. Simplemente se trata de apegarnos al sistema republicano, que es una de las tres patas del sistema político de gobierno en la Argentina por mandato de la Constitución.
El federalismo, que es un muerto viviente en la Argentina, constituye una de las patas. La democracia representativa es la segunda, y la república es la tercera. Esta última engloba a las tres, porque en nuestro país la división de poderes no es una anécdota académica. Es una necesidad para custodiar nuestros intereses y nuestros derechos, empezando especialmente por los de los más humildes. Por eso hoy estamos tratando algo muy grave: el fin de la división de poderes, el quiebre del sistema de gobierno.
Quiero decir que la cuestión de los dos tercios no es una anécdota. Por el contrario, es una garantía fundamental para que poner y sacar jueces no sea como comerse un emparedado o tomarse un café. Poner o sacar jueces es un asunto muy serio, y la Argentina –sobre todo los más pobres necesita que se lo tome con absoluta seriedad. Es falsificar hipócritamente los hechos decir que los pobres están a favor de una democratización que tiene todos los signos de ser nada más que una apariencia en la búsqueda de la totalización del poder.
Quiero decir que el artículo 33 del proyecto de ley de reforma al Consejo de la Magistratura es un manoseo del sistema electoral. En la Argentina, para ser presidente bastan cinco distritos para unificar la lista en toda la Nación, en el distrito único, pero para ser consejero, una alianza necesita dieciocho distritos. De rondón, entre gallos y medianoche aparece un cambio de la legislación electoral a un mes y medio del cierre de las alianzas, en medio del proceso electoral. Una improvisación inadmisible.
Cuando pedimos la boleta única o el voto electrónico nos dicen que hay que madurarlo y que hay que tener mucho tiempo para analizarlo. Pregunto: ¿qué tiempo tuvimos para analizar esta reforma electoral subrepticia que se filtró sin que nosotros supiéramos que íbamos a tratar semejante cuestión?
Ahora me voy a referir al doctor Lorenzetti. A un amigo que me tuiteó sobre este asunto yo le decía que creo en el doctor Lorenzetti y en la Corte Suprema de Justicia y que confiaba en que esta última fulmine de inconstitucionalidad flagrante este paquete de proyectos de ley que se va a sancionar. Si no fuera así, ya veremos qué pasa y qué hacer. Pero esta mañana mi desayuno tuvo un sabor amargo porque me enteré de que el doctor Lorenzetti había acordado con el gobierno la caja y la superintendencia de la Corte, pero no había resuelto la independencia de los jueces. A mí esto me resulta absolutamente mortificante, y va totalmente a contrapelo de lo que la mayoría argentina reclama.
Ahora voy a hablar de las mayorías, señora presidenta. El 54 por ciento del escenario electoral argentino –esta es una fotografía de hace un año y medio dio un mandato representativo, no un título de dominio. Esto se lo tienen que grabar mis “adversarios” de la bancada mayoritaria; no mis “enemigos” de la bancada mayoritaria. Tiene razón la diputada Zamarreño. Yo no tengo un solo enemigo en la bancada mayoritaria; simplemente tengo adversarios, alguno de ellos muy leales. Pero quiero decirles que ese título que ellos creen de dominio no existe.
La mayoría del pueblo argentino quiere la independencia de los jueces, y este tema no es un asunto académico institucional sino que está encarnado en millones de ciudadanos. Se van a llevar una sorpresa los señores de la mayoría circunstancial. Esa sorpresa se las dará la mayoría del pueblo argentino muy pronto.