Fundamento mi voto por la negativa al protocolo de sesiones virtuales en lo siguiente.
El gobierno asumió sin plan ni rumbo. Solo tenía tres decisiones tomadas. Primero, pagar lo menos posible o no pagar la deuda en su turno de gobierno. Segundo, ir por todo lo pendiente y no concretado en sus doce años anteriores en el poder, y tercero, consagrar la impunidad definitiva de Cristina Kirchner, desmontar causas e investigaciones, y evitar su destino de prisión -ni por cosa juzgada írrita que se la pueda investigar siquiera-.
Señalé en diciembre pasado, al rechazar la ley de solidaridad, qué era la emergencia total que cerraba el Parlamento. Esta emergencia le permitió al Gobierno reacomodar un presupuesto viejo, desde la discrecionalidad y la concentración de poder. Este camino se eligió por sobre presentar un presupuesto y esbozar un plan o rumbo del cual no se tenía ni idea. Esto se comprobó con los gastos y compras con sobreprecios sin control en Desarrollo Social, PAMI y el Ministerio de Salud, y la discrecionalidad con casi nula ayuda concreta del Ministerio de Producción.
Luego vino el inconstitucional decreto 457/2020, que le asigna facultades de gastar como le parezca y sin límites al jefe de Gabinete los dineros públicos. La pandemia le permitió al gobierno la excusa para domesticar a la Justicia y desmontar causas -liberar presos y premiar y recompensar con la libertad a presos de la corrupción-. Y también para neutralizar, inoperativizar, desnaturalizar e invisibilizar al Congreso. Decir que funciona cuando se lo lleva a una trampa para que no funcione en plenitud. Cerrarlo sin que se note. Pero los hechos son testarudos. Lo evidente, si tiene algo, es que siempre es evidente. La trampa de las sesiones virtuales es tan grande que hasta quienes la ejecutan han quedado entrampados.
Señor presidente: no hay impedimento ni obstáculo para que sesionemos de manera presencial. De los tres poderes del Estado, el gobierno pone en cuarentena a los otros dos: la Justicia y el Congreso. Cristina Kirchner lo ha decidido así. Ella es quién está al mando del país y gobierna. Ella pidió sesiones virtuales y amenazó a la Corte a sangre y fuego para que ordene sesionar así. Fue a buscar la excusa de poder decir que era la Corte quien ordenaba votar de ese modo y se debía cumplir el fallo. Quería darle legalidad a su trampa. Hacerla una trampa perfecta para cerrar el Congreso sin necesidad de ponerle candado. Por eso la amenaza y su decir, después del fallo -que no trató el tema-, que debía sesionarse virtualmente.
Justo Cristina Kirchner nos quiere hacer creer que respeta las decisiones de la Corte, cuando desoyó y desobedeció seis fallos del máximo tribunal que le ordenaban reponer a Eduardo Sosa como Procurador en la Provincia de Santa Cruz. Es claro que no es para cuidar a los legisladores su preocupación de sesionar virtualmente. ¿Cómo le va a preocupar esto si no le importaron ni los muertos de Tucumán, de Once, de Cromañon, de La Plata, de Río Turbio, Nisman ni la Amia, o pactar la impunidad con Irán?
Esto es una trampa. No apoyo votar de este modo por no creerle al gobierno. Sin eufemismos, esto significa en la práctica el cierre del Congreso. El mecanismo de sesiones virtuales y su protocolo gozan de la buena fe de mis colegas y me consta que ellos lo aprueban para que sea transitorio, provisorio, excepcional y limitado a un breve tiempo de treinta días. Yo no le creó al gobierno.
El gobierno pretenderá darle permanencia y estabilidad a esta forma de sesionar, y esto será luctuoso para el país. Esa es mi prevención y alerta, y mi disparo de advertencia. Esta propuesta es una trampa. La sesión virtual es una herramienta como lo es un martillo. Uno puede usar el martillo para hacer un mueble o fijar un clavo en la pared. No confundamos la herramienta con las manos en que ella está. No confundamos la herramienta con quien la usa. El peligro de darle al gobierno esta oportunidad de sesionar de este modo es la diferencia. Antes Cristina Kirchner tenía al Parlamento como una escribanía, ahora directamente ni eso, van por reducirlo a la nada, vaciarlo, desalojarlo y gobernar por DNU y facultades delegadas extraordinarias con la suma del poder público.
Las prórrogas en Argentinas se convierten en cosas permanentes El costo de esta pantomima, además, va en contra de la necesidad de austeridad que se debe tener en la excepcionalidad de la pandemia y la emergencia. Este despliegue demuestra que este mecanismo viene para quedarse y es el pretexto y la coartada para usar el coronavirus para acelerar el “vamos por todo”.
Somos funcionarios públicos electos por el voto de los argentinos y queremos ejercer el lugar que la sociedad nos dio. Un país no puede funcionar con un solo poder del Estado. Algunos del oficialismo dicen que Argentina necesita un Pacto de La Moncloa con una mano, pero con la otra cierran el Congreso. La democracia no es una aplicación. Esto atrasa a antes de Montesquieu. Parece que vienen tiempos en los cuales los argentinos vamos a tener que volver a luchar por la libertad. Volvemos a esos tiempos de tener que luchar por la justicia y para mantener viva la división de poderes.
Allí estaremos, como lo hicimos antes y hemos dado testimonio de ello. Volvemos a tener que luchar contra el poder bruto que nos quiere llevar a ser como Venezuela. No hemos aprendido nada si no somos capaces de evitar ese destino al que nos quieren llevar, de impedir que se haga realidad. Con coraje y valentía debemos impedirlo. Borges decía que de lo único que no se arrepiente un hombre es de haber sido valiente. Seamos valientes, no nos vamos a arrepentir.
Por todo lo expuesto, mi voto es por la negativa al protocolo de sesionar virtualmente. Las sesiones deben ser presenciales y no hay impedimento para ello, solo la voluntad del gobierno de hacerlas de otro modo.