Quisiera señalar dos cosas el día de hoy, un día histórico para este Parlamento ya que finalmente, luego de tanto tiempo, nos encontramos sesionando por primera vez durante este estado excepcional que atraviesa el país.
Si bien esto es algo bueno, y lo celebro, no es para aplaudir que hayamos demorado dos meses en estar acá, en tiempos en los que hay que cuidar la democracia más que nunca debido a la crisis que la pandemia ha provocado.
Lo primero que quiero expresar en relación con el proyecto de protocolo de funcionamiento parlamentario remoto es mi total apoyo en el sentido de que toda herramienta que permita que este Parlamento funcione plenamente debe ser aprobada.
Dicho esto, también quiero expresar que la parálisis legislativa que tuvimos todo este tiempo resulta impropia del cargo que ejercemos. Utilizo el término “impropia” porque siento que no estuvimos a la altura de las circunstancias, aun cuando varias veces desde la oposición insistimos en sesionar presencialmente y no tuvimos sin éxito. El hecho de convocar a reuniones informativas de algunas comisiones ni de lejos es suficiente para considerar que el Parlamento está funcionando.
Así como el señor presidente, los ministros y demás funcionarios del Ejecutivo han salido del resguardo de sus hogares para cumplir con los roles que la Patria les demanda en estos tiempos, también lo han hecho enfermeras, policías, soldados, camioneros y un sinfín de hombres y mujeres que salieron a cumplir con su deber arriesgando su salud en pos del bienestar general.
Nosotros, reitero, no estuvimos a la altura de las circunstancias; dejamos de legislar y delegamos todo en el Poder Ejecutivo. No es necesario aclarar que la delegación de poder en la figura presidencial no es sana para ninguna democracia, aunque aquí estemos demasiado acostumbrados a ella. Es así como se suceden algunas cosas que claramente no son buenas ni necesarias, como el reciente DNU que dispone el total manejo discrecional de fondos por parte del jefe de Gabinete, la autorización de médicos extranjeros a atender aquí sin ningún trámite de reválida de sus títulos, las contrataciones directas de insumos que son prácticamente una invitación al sobreprecio y varios etcéteras.
Abundan los pedidos de informes que hacemos, pero escasean las respuestas.
Nada bueno sucede cuando el Poder Legislativo resigna su función. Tenemos sobrados ejemplos históricos en este sentido. Es nuestro deber estar aquí, señor presidente. Es nuestro deber.
Últimamente hemos estado muy atentos a los ejemplos de otros países. A este respecto, en naciones como España, que realmente la han pasado muy mal con el virus, el Parlamento se ha adaptado rápidamente y no ha dejado de sesionar. En efecto, en ese país, cada prórroga de la cuarentena fue respaldada o rechazada por el Congreso. Pueden tener un rey, pero sin duda son más republicanos que nosotros.
Estos son los ejemplos que debemos tomar. Por eso, le pido a todo el cuerpo que jamás dejemos que ningún miedo ni ninguna emergencia nos distraigan del deber asumido y de ejercer la función que la ciudadanía nos encomendó y que en este recinto juramos fielmente cumplir.