Estamos hoy tratando nuevamente la Ley de Economía del Conocimiento; más de tres meses después de haberle dado media sanción, vuelve con modificaciones del Senado. Como dijeron varios miembros del oficialismo, en el formato de la democracia una Cámara revisa lo que sanciona la otra. Lo reconocemos y lo aceptamos. Pero permítame remarcar el valioso tiempo perdido en un conjunto de actividades demasiado importantes para el país.
Hace más de un año que las empresas tecnológicas no tienen reglas claras en el desarrollo de sus actividades. Es imposible planificar así; mucho más complejo es poder crecer en estas circunstancias. Una actividad que genera el segundo ingreso de dólares al país, algo tan necesario, merecía un tratamiento con más premura.
Por otra parte, remarco el trabajo que se había realizado entre los distintos bloques para lograr unanimidad en el dictamen aprobado oportunamente. La apertura del oficialismo, a través del ministro Kulfas, a los cambios propuestos por la oposición, hizo que festejáramos que una política pública tan importante como esta obtuviera el nivel de acuerdo que hacía previsible y sostenible a una ley.
Pero lamentablemente hoy nos encontramos con que aquellos consensos no sirvieron de nada. Las modificaciones votadas en el Senado incorporan elementos que cambian sustancialmente algunos conceptos votados en aquel momento.
Como primer tema, se genera una segmentación en los porcentajes de los beneficios en la deducción de ganancias. He escuchado, entre los argumentos para sostener esa segmentación, que no hay que tratar de igual manera a los que no son iguales y que es a favor de los más chicos que se produce esta segmentación.
Dos observaciones básicas: primero, no favorece a los más chicos porque no amplían su porcentaje, sino que es contra las empresas más grandes a las que se les disminuye el porcentaje de beneficio. Esto claramente marca un sesgo anti empresa más que una defensa de la micro empresa. Por otro lado, no hay que considerar que las empresas más chicas en general se nutren del desarrollo de las empresas más grande, participando de sus proyectos, brindando servicios de todo tipo, etcétera. Por eso es importante no hacer esta discriminación sino apuntalar por igual considerándolos un sistema integrado.
Se modifica también el bono fiscal que se otorga, con dos cuestiones básicas. Primero, haciéndolo intransferible, lo que le quita posibilidades de recupero a las empresas, y segundo, no permitiendo su deducción del impuesto a las ganancias, lo que aumenta la presión impositiva sobre el sector.
Por último, quiero marcar la modificación del artículo 15 bis, en donde se eliminan los beneficios cuando se ve reducida la plantilla de empleados de una empresa. Esto claramente perjudica a las empresas más pequeñas ya que compiten fuertemente con las empresas más grandes por los recursos humanos calificados que demanda esta industria. Y por otra parte, porque para las empresas mipymes es sumamente complicado reemplazar esta mano de obra ya que requiere de una formación que muchas veces lleva varios meses para conseguirse. Sin mencionar que en general se trabaja por proyectos puntuales y que la profesión tiene una alta rotación de mano de obra.
Por todo lo enunciado, pero entendiendo también la importancia de contar con la ley aun no siendo la ley deseada por los actores del sector es que adelanto mi abstención en la presente ley.