4. INSERCIÓN SOLICITADA POR LA SEÑORA DIPUTADA NAJUL

El presupuesto que se vota hoy preocupa y nos pone en estado de alerta, pero no podemos decir que nos sorprende. ¿Por qué? Porque está atravesado por el mismo atributo que identifica todos y cada uno de los movimientos del gobierno desde que asumió: la imprevisión.
Es difícil jugar a las escondidas con el presupuesto. Frente a nosotros tenemos un texto que dice mucho de quienes lo enviaron al Congreso: sus prioridades, sus planes, su visión de país, su interpretación de la coyuntura.
No hay que hilar muy fino para encontrar que la asistencia a quienes más lo necesitan, y por sobre todas las cosas la promoción social de las personas que han perdido sus empleos y han quedado al margen del mercado formal de trabajo, no son cuestiones que el gobierno considere prioritarias.
Se reducen los recursos destinados a la protección de ingresos vinculados a la niñez, y los incrementos de las asignaciones familiares -tanto las de carácter contributivo como las que no- están hasta 6 puntos por debajo de la inflación proyectada por el mismo Ministerio de Economía.
Precisamente cuando están dadas las condiciones para debatir y encontrar soluciones a mediano y largo plazo para liberar progresivamente a las mujeres de las tareas de cuidado no remuneradas, ya que las ejercen en proporciones mucho mayores que los hombres, se desfinancian programas para la primera infancia
Es un presupuesto que profundiza inequidades y desequilibrios que arrastramos hace tiempo pero que la pandemia ha acentuado. ¿De qué otra manera puede explicarse la falta de políticas concretas para reinsertar al millón de niños y niñas que abandonaron la educación formal obligatoria? ¿O los fondos insuficientes y los objetivos distorsionados del programa Juana Manso, para entregar computadoras a alumnos de todo el país?
Las partidas destinadas a las universidades y a los programas de salud mental evidencian, una vez más, que el oficialismo parece transitar sus días en una dimensión paralela, desconectado de la sociedad.
Lo que preocuparía para un año calendario normal se vuelve agobiante transitando una pandemia que tuvo fecha de inicio pero cuya finalización es todavía una incógnita.
Especialistas de todo el mundo están estudiando la Argentina y cómo trastornos como ansiedad, depresión y estrés están a la orden del día, producto de una de las cuarentenas más largas del mundo, claro, pero también de cómo las autoridades responsables han minimizado el bienestar integral de las millones de personas que en apenas unas semanas forzosamente cambiaron su forma de vivir.
Por las comisiones no pasó el ministro de Salud para que nos explicara por qué la inversión en salud mental es casi 7 veces menor que la que prescribe la ley 26.657.
Tampoco escuchamos al ministro de Educación justificar el ajuste velado al que están sometiendo a las universidades nacionales, que a duras penas cubren los sueldos y los gastos corrientes de funcionamiento.
Nadie sabe decirnos por qué el IFE y el ATP, a esta altura del año y con la certeza de que los desequilibrios macroeconómicos y las restricciones continuarán marcando la agenda, no están previstos más allá del final de este año.
Cuando analizamos el presupuesto en un sentido federal, o mejor dicho, en la ausencia del mismo, corroboramos una vez más que el Ejecutivo propone seguir el mismo camino, sin rectificar errores muy marcados en la gestión. El impuesto PAIS no es coparticipable y muchas partidas dependen del manejo discrecional del gobierno.
Miramos a Europa, a nuestros vecinos, escuchamos a los especialistas y sabemos que tenemos que prepararnos para un 2021 en el que no aflojarán la emergencia económica, social y sanitaria que hoy describen nuestro día a día. En este contexto, es un acto de irresponsabilidad enorme no darles más recursos a las provincias y las jurisdicciones municipales, que día a día se hacen cargo de más responsabilidades sin el respaldo necesario para sostenerlas.
Gobernar implica adelantarse a los acontecimientos; trabajar sobre escenarios futuros; intervenir en la realidad pensando siempre en lo que vendrá después; diseñar, implementar y evaluar medidas pensadas en un sentido integral y no como decisiones aisladas.
Este presupuesto no refleja un programa de gestión propio de un gobierno responsable y previsor, con un norte medianamente definido para el país. Tiene más que ver con un frente político que piensa más en las próximas elecciones que en el día a día de millones de argentinos que perdieron sus trabajos, que ven cómo se licuan sus ingresos semana a semana, que están sumidos en un mar de incertidumbre hace meses.

 

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