En primer lugar, quiero agradecer el trabajo de las comisiones de Relaciones Exteriores y Culto y de Legislación del Trabajo y valorar el desempeño sobre este tema en el ámbito internacional.
Celebro la sanción de este proyecto porque visibiliza los diversos modos de violencia y discriminación que existen y que seguimos padeciendo a nivel global.
Nos obliga a pensar en el gran impacto que estos problemas generan en la vida de las personas trabajadoras y en cómo debemos seguir accionando de manera comprometida para erradicarlos.
Este convenio representa un gran paso en materia de protección de derechos, de igualdad y de dignidad en el ámbito laboral, porque con este instrumento internacional saldamos una deuda histórica con la sociedad en su conjunto. Por primera vez podremos contar con un marco común basado en un enfoque inclusivo e integrado, contemplando las consideraciones de género.
En mi provincia, el problema de la violencia por motivos de género constituye una prioridad en el diseño de políticas públicas a largo plazo porque entendemos que la violencia y el acoso afectan de manera desproporcionada a las mujeres, obstaculizando su acceso y permanencia en el trabajo y, consecuentemente, su desarrollo profesional.
Como sociedad tenemos la responsabilidad de continuar capacitándonos para seguir construyendo un camino de igualdad y equidad, libre de discriminación y violencia.