Celebro el tratamiento de este proyecto ya que ante situaciones extraordinarias como la de la pandemia que atravesamos debemos dar respuestas y soluciones “extraordinarias”, tal como sostiene la iniciativa que estamos considerando.
A lo largo de estos meses, el Estado nacional ha hecho ingentes esfuerzos en aportes económicos saliendo al rescate de empresas públicas y privadas y tratando de minimizar las enormes pérdidas que esta pandemia provocó, porque además de la tristeza por pérdidas humanas están las pérdidas económicas.
Sabemos de la importancia del IFE para nuestra gente y del redireccionamiento de recursos para que, como dije, las empresas puedan mantener su planta de trabajadores. En fin, necesitamos de este aporte “solidario y extraordinario” para tratar de solucionar, o al menos paliar, las injustas situaciones de gran parte de nuestra niñez y adolescencia desvinculada de la educación formal , el crecimiento de asentamientos habitacionales inhumanos, la disminución de la producción de las pequeñas y medianas empresas con la consecuente existencia de trabajadores sin trabajo y, en el plano sanitario, colaborar la necesidad de proveernos de vacunas y equipamiento médico.
Estos serán los destinos de este aporte solidario y extraordinario, reforzados en este proyecto de ley.
Saber que casi el 60 por ciento de nuestra niñez y adolescencia es pobre rompe el alma, es injusto y doloroso, enoja. Acompañemos, entonces, esta iniciativa, que permitirá concretar una reparación de los desequilibrios acentuados por la pandemia. Posibilitar programas de vivienda y las Becas Progresar, fortalecer el sistema sanitario y fortalecer a la pequeña y mediana industria son decisiones estratégicas para paliar la asimetría vergonzante entre los más pobres y los más ricos de la Argentina.