16. INSERCIÓN SOLICITADA POR LA SEÑORA DIPUTADA MUÑÓZ

Aporte solidario y extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia

Es necesario reconocer que la pandemia está haciendo estragos en el mundo; cae el producto bruto interno en todos los países del mundo y, por supuesto, en la Argentina y el resto de América Latina. Vino a profundizar la grieta entre ricos y pobres, por lo que es necesario analizar el punto de partida.
Realmente, el punto de partida fue crítico, ya que venimos de cuatro años de la pandemia del macrismo que dejó al país devastado, con una inflación acumulada durante esos cuatro años de un 310 por ciento y una salvaje dolarización e incrementación de los servicios. La tarifa de luz, en un 3.000 por ciento, la de gas, 2.800 por ciento. Cerraron más de treinta mil pymes y hubo más de 3.750.000 desocupados; el PBI se contrajo un 2,2 por ciento; el salario promedio en 2015 fue de 580 dólares y en 2019, de 241 dólares.
Entre 2015 y 2019, los ingresos tributarios y de la seguridad social de la Nación disminuyeron 3,1 puntos porcentuales del PIB, centralmente como consecuencia de la decisión deliberada del presidente Macri y del mejor equipo económico de los últimos cincuenta años de reducir los gravámenes sobre sectores de elevada capacidad contributiva, convirtiendo la economía del país en una timba financiera que en 2018 llevó al país a un gran desastre económico y al default. El presidente Macri culpo a Turquía, Brasil y los “cuadernos” por la tremenda crisis en la que está sumido el país, como también a los argentinos que no los votaron. Por eso dijo que gobernó hasta el 15 de agosto de 2019. Fue así cuando tuvo que recurrir al Fondo Monetario Internacional, endeudando a nuestro país en 44.000 millones de dólares, incrementando la deuda ante bonistas extranjeros y además de endeudarnos con un bono a cien años; por eso, este aporte solidario es para los empresarios que más tienen y para aquellos que más ganaron, especialmente aquellas empresas favorecidas en el gobierno de Macri que se prendieron en la timba financiera sacando los dólares fuera del país.
El presidente Alberto Fernández asumió su mandato en diciembre de 2019, y en los primeros meses apareció el primer infestado por COVID; fue así que comenzó declarando la emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social y, en ese mismo contexto de pandemia, el gobierno nacional ha instrumentado una serie de políticas destinadas a proteger a las familias, la producción y el empleo, así como a asistir a las administraciones de las provincias.
Según los datos de ampliación presupuestaria, los gastos propios de las políticas implementadas por la pandemia promedian 870.000 millones: allí se encuadra el IFE, la ATP, los bonos a personas jubiladas y pensionadas, el refuerzo del plan alimentario, la construcción de los hospitales modulares y otros refuerzos en el equipamiento sanitario, la asistencia financiera a las provincias y demás.
Dentro de las limitaciones de recursos existentes, el esfuerzo fiscal ha sido impresionante y tiene un correlato necesario en el incremento del déficit primario; entre marzo y junio, el gasto primario aumentó 83,3 por ciento en términos interanuales, mostrando una aceleración fuerte en relación con el primer bimestre. Mientras tanto, los ingresos totales sólo crecieron el 19,3 por ciento. Pero, paulatinamente, en este año atípico en pandemia, el gobierno tuvo que soportar la arremetida constante de la oposición con las distintas marchas, operativos de prensa y televisivos, poniendo en peligro la salud de la población, porque no podían aceptar que el presidente tuviera éxitos en sus políticas públicas en pandemia. También es necesario recordar que, paralelamente a la pandemia, el gobierno, a través el equipo económico del ministro Guzmán, fue negociando la deuda externa para sacar la terrible presión fiscal de la Argentina, para que con estos años de gracia a los argentinos nos permitieran crecer.
No voy hablar de números porque hay diputados de mi bloque que lo plantearon con una claridad meridiana, pero sí es necesario hacer hincapié en que, durante la pandemia, muchas familias fueron perdiendo sus empleos formales y tantos otros como los changarines, empleadas domésticas y muchos tantos empleos no formales dejaron de tener oportunidades de conseguir sus insumos básicos de alimentación y mucho menos de salud y vivienda, pasando a engrosar las largas filas en los comedores comunitarios, barriales, en busca de la vianda, la bolsa de alimentos, de la tarjeta Alimentar. Porque acá no hay romance en el relato; no hay hipocresía ni pobreza simbólica. La pobreza es real, palpable, y hay que hacerle frente para, paulatinamente, ir generando fuentes de trabajo, porque lo que dignifica a hombres y mujeres es el trabajo.
Es cierto que este aporte no resuelve todos los problemas, pero es un paliativo importante para los que más necesitan; se estima que la recaudación por el aporte solidario está en el entorno de los 300.000 millones de pesos. O sea, representa el 34 por ciento del gasto imprevisto que tuvo que efectuar el Estado nacional en pandemia.
Este aporte solidario es por única vez y tiene un destino específico: el 20 por ciento para insumos, equipamiento para la atención de la pandemia e inversión en salud; el 15 por ciento para el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU) creado por decreto 819/19 en el marco de la ley 27.453, de urbanización; el 20 por ciento en subsidios y créditos para las pymes, pequeñas y medianas empresas, de acuerdo con el artículo 2° de la ley 24.467 y sus modificatorias; el 25 por ciento para explotación, producción y desarrollo de gas natural, Integración Energética S.A; el 20 por ciento para la ampliación de cobertura y monto de las becas del Programa Progresar.
La pandemia aún no terminó. Si bien hay perspectivas sanitarias y económicas que muestran el camino de la recuperación, no tenemos precisiones sobre el momento y la forma de la salida: muy probablemente, el Estado tenga necesidad de mayores recursos para seguir avanzando en las bases de la recuperación.
Ante la discusión de este proyecto de ley, es necesario reflexionar, argumentar, discutir, sentar las posiciones individuales a favor o en contra; pero es importante no perder de vista quiénes son los destinatarios finales de esta ley: los que menos tienen, los que más necesitan, los que están esperando una mano solidaria del otro y, en especial, del Estado. Argentinos y argentinas estamos tratando, entre todos y todas, encontrar una salida que mejore la situación de todos y todas. El Frente de Todos, con todos sus matices, vino a trabajar a destajo junto a nuestro presidente para que “la Argentina para todas y todos” deje de ser un eslogan y pase a ser realidad, por supuesto, incluyendo a todos los que se quieran sumar.
Para finalizar, no puedo dejar de expresar mi opinión localista, me hubiera gustado que esta ley hubiera sido con coparticipación a las provincias.
 


 

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