Hoy estamos tratando un proyecto que está inspirado en uno de los valores fundamentales que nos permiten convivir en sociedad: la solidaridad. El principio de empatía, de pensar en las otras y los otros que la están pasando peor que una o uno. Y me interesa especialmente detenerme en dos cuestiones. Por un lado, quiénes son los sujetos comprendidos por este proyecto. Y, por otro, a qué irá dirigido lo recaudado.
Sobre el primer punto, este proyecto sólo alcanzará a quienes posean una riqueza declarada superior a los 200 millones de pesos con una alícuota del 2%, que se incrementa a medida que el patrimonio es mayor. Según un informe realizado por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), el aporte extraordinario alcanzaría a 9298 personas. Casi nueve mil trescientos. En un país que alberga más de cuarenta y cuatro millones de argentinas y argentinos. Alrededor de la mitad de las personas alcanzadas por este aporte, tienen entre 200 a 400 millones de pesos. La mayor tasa alcanza a menos de 300 personas. De ese informe se desprende que sólo 253 personas aportarán la mitad de lo que se espera recaudar. Yo me pregunto, quienes se oponen a esta medida extraordinaria, suscitada en un contexto de emergencia sanitaria sin precedentes en nuestro país y en el mundo, ¿no les da vergüenza?
El artículo 45 de nuestra Carta Magna establece que esta Honorable Cámara representa al pueblo de las provincias. Les pregunto, a quienes votarán en contra, ¿a quién representan? Están cuidando los intereses de menos del 0,02% de nuestra población. ¡Del 0,02%!
Asimismo, no quiero dejar de mencionar que muchas veces quienes hoy no acompañarán el proyecto se desviven mirando lo que ocurre en las sociedades de las potencias mundiales. Pero cuando se trata de acciones que nos acercan a la igualdad y distribución de ingresos de esas naciones, las mismas personas automáticamente prefieren olvidarse de esos ejemplos. Desde el inicio de la pandemia, la discusión sobre de donde extraer los recursos necesarios para hacer frente al desequilibrio económico, atraviesa a países como Alemania, España, Reino Unido, Suiza o Italia . Con un gran debate, respecto de medidas impositivas extraordinarias. En la misma línea -a nivel regional- organismos internacionales, como CEPAL y la FAO, sugieren medidas de esta índole. En tal sentido, la directora de CEPAL, Alicia Bárcena, citada en los fundamentos del proyecto de ley que estamos discutiendo, afirmó que “una situación excepcional requiere respuestas excepcionales”.
En la historia mundial del siglo XX y en nuestra historia se pueden encontrar algunos ejemplos que pueden ser tomados como antecedentes del aporte que estamos hoy discutiendo. Franklin D. Roosevelt empezó a enterrar la Gran Depresión cuando consiguió que se aprobara la Tax Revenue Act de 1935, que llevó el impuesto a las ganancias al 75% para quienes tuvieran ingresos por más de U$S 500 000 al año.
Winston Churchill había hecho otro tanto en Gran Bretaña, a sus 35 años, siendo presidente de la Junta de Comercio cuando empujó junto al Ministro de Economía David Lloyd George el Presupuesto Popular de 1910 (People’s Budget 1910). Esta ley, no solo fijaba impuestos más altos para los mayores ingresos, sino que también introducía tasas sobre la herencia y la propiedad de tierras para modernizar la Armada y proteger al imperio. Después de la Segunda Guerra Mundial, toda Europa forzó a sus acaudalados a pagar contribuciones especiales para la reconstrucción.
Poco recordamos en nuestra historia argentina que San Martín les cobró un impuesto especial a los ricos en Cuyo para financiar el cruce de los Andes y neutralizar el peligro realista. Y menos aún, que Güemes hizo lo propio en Salta para frenar a los españoles del Alto Perú en plena guerra por la independencia, acción que sin ese financiamiento hubiera sido imposible por los reconocidos retaceos de Buenos Aires para enviar recursos.
En cuanto a los destinos de los fondos recaudados, este aspecto tiene una importancia sustantiva en el proyecto. Es la asignación específica tantas veces reclamada por los sectores más pudientes. Claramente se establece que un 20% será utilizado para comprar o financiar producción de equipamiento de salud, medicamentos, elementos de protección y vacunas para hacer frente al COVID 19. Otro 20%, tendrá como fin el apoyo a las PyMEs con subsidios y créditos. Un 15% para la urbanización de barrios populares, con obras que empleen a lxs vecinxs de cada barrio que serán canalizadas a través del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU).
Este fondo, cabe destacar, se creó a partir de un proyecto de autoría del interbloque Cambiemos, aprobado el 10/10/18 (Ley 27.453). Luego, un 25% será destinado para hacer obras y equipar a YPF en la producción y envasado de Gas Natural, conjuntamente con Integración Energética S.A..
Finalmente, un 20% se utilizará para el refuerzo de las partidas presupuestarias del plan PROGRESAR. Teniendo en cuenta los fines para los cuales se crea el aporte en cuestión, me pregunto seriamente cómo una o un representante del pueblo puede optar por privilegiar los intereses de unas pocas personas por sobre el financiamiento a la salud pública, el acceso a la vivienda, la soberanía energética, el apoyo a las y los estudiantes para que puedan culminar sus estudios universitarios y el acompañamiento a las Pymes, grandes generadoras de empleo.
Para cerrar, señor presidente, es necesario expresar que este proyecto va en sintonía con todas las leyes que regulan la administración financiera del Estado, resultando completamente armónico con nuestro ordenamiento jurídico. ¿Dónde está, entonces, el fundamento para oponerse a un aporte solidario extraordinario al 0,02% que más patrimonio tiene en beneficio de la mayoría del pueblo?
Y si el único fundamento es que “no es el momento”, entonces pregunto: si en medio de una pandemia que afecta a todo el mundo no es el momento ¿¿¿cuándo es el momento??? Porque mientras ustedes se oponen a estas iniciativas, la desigualdad en nuestra sociedad crece. De acuerdo al último informe “Trabajo e Ingresos Vol. 4 N°6 ” presentado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos en relación a la distribución del ingreso referido al segundo trimestre de 2020 el 10% más pobre de la población ocupada concentra el 1,5% del total de ingresos, mientras que el 10% más rico explica el 30,3%, estadística que muestra resultados aún más desiguales al mirar la distribución por género de la misma.
Si bien, aún atravesado por la crisis mundial ocasionada por la pandemia, los ingresos de la población crecieron tanto en materia laboral como en materia no laboral (explicado mayormente por la fuerte presencia del Estado mediante subsidios y programas sociales) lo cierto es que el índice de Gini que mide la desigualdad refleja un incremento de la misma, siendo de 0,451 puntos respecto a los 0,434 puntos de igual trimestre del año anterior. Esta situación, si bien requiere de políticas de estado de largo plazo que el gobierno nacional está llevando adelante (desendeudamiento con organismos internacionales, creación de empleo, reconstrucción del entramado productivo) lo cierto es que estos índices nos muestran que tenemos que tomar medidas urgentes para paliar los efectos de la pandemia y dar una respuesta inmediata a los sectores más vulnerables en línea con la redistribución de la riqueza.
Por otro lado, el esfuerzo impositivo en nuestra economía lo hacemos todos y todas, no lo hace sólo una parte. Lo hacemos cuando pagamos IVA, cuando pagamos monotributo, cuando pagamos ganancias, bienes personales. Quieren hacernos creer que en este país pagan impuesto sólo los empresarios. No señores, el impuesto que más se recauda es el IVA , un impuesto que recae exclusivamente sobre las y los trabajadores.
De nosotras y de nosotros depende, representantes del pueblo de la Nación, una vez más, como cada sesión, todas y todos los que estamos sentados en estas bancas, quienes están en sus provincias, nos enfrentamos al mismo desafío: de nosotras y nosotros depende elegir: o bien recibir las felicitaciones efímeras de los poderosos que, en unos días, estarán condicionando nuevamente las voluntades serviles de sus mandatario, o bien poder mirar a los ojos a los hombres, mujeres, niños y abuelos que cargan sobre sus hombros los efectos de esta pandemia mundial, que lloran familiares, amigos y gente cercana.