El 27 de octubre de 2019 el pueblo argentino decidió ponerle fin al gobierno neoliberal y conservador de Mauricio Macri. Durante tres de los cuatro años que gobernó la derecha, hubo un descenso de la actividad económica, acumulándose una caída del 6,7 por ciento entre noviembre de 2015 y diciembre de 2019.
La recesión ocasionada por la errante política económica de Cambiemos golpeó con fuerza a la industria nacional. En 2019 el sector de automotores y equipos de transporte cayó un 24,1 por ciento; el sector de muebles, un 12 por ciento; el sector de productos metálicos, maquinaria y equipo, un 11,9 por ciento; el sector de textiles, prendas de vestir, cuero y calzado, un 9,7 por ciento; y el sector de la construcción, un 7,9 por ciento. Esta caída generalizada de la actividad económica y, en particular, de la actividad industrial, se tradujo en el cierre de más de 24.500 pequeñas y medianas empresas entre 2015 y 2019.
Como consecuencia, el desempleo pasó del 5,9 por ciento en el tercer trimestre de 2015 al 9,7 por ciento en el tercer trimestre de 2019. Si observamos el segmento de las mujeres jóvenes de 14 a 29 años , constatamos que el desempleo fue más del doble que la media, alcanzando el 22,6 por ciento sobre el final del gobierno de Cambiemos.
También creció la pobreza, que pasó del 30,1 por ciento en el primer semestre de 2015 al 35,4 por ciento en el primer semestre de 2019. Los datos del primer trimestre de 2019 demuestran que mujeres, jóvenes y niñes fueron les más afectades. El 40 por ciento de la población de menores ingresos estaba conformada mayoritariamente por mujeres (62,5 por ciento). Asimismo, la pobreza alcanzó al 52,6 por ciento de les menores de 15 años y al 42,3 por ciento de las personas de entre 15 y 29 años.
Como podemos observar, el 10 de diciembre de 2019 Mauricio Macri dejó un país en llamas con una economía en caída libre y una emergencia social como no veíamos desde la crisis de 2001. Apenas tres meses después, el 3 de marzo del corriente año se confirmó el primer caso de covid-19 en nuestro país y el 11 de marzo, con más de 3 millones de casos y más de 200.000 decesos en todo el mundo, la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia.
El recientemente asumido gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner se enfrentó entonces al desafío de gestionar la crisis económica y social heredada de la administración Macri y la crisis sanitaria sin precedentes generada por el COVID-19. Nuestro gobierno actuó de inmediato. Por un lado, declaró el aislamiento social, preventivo y obligatorio para mitigar la circulación del virus, al tiempo que fortaleció el sistema de salud con una importantísima inversión para hacer frente a las más crueles consecuencias de la pandemia. Por otro lado, ejecutó toda una serie de políticas públicas destinadas a proteger a los sectores más vulnerados, a les trabajadores, las pequeñas y medianas empresas y, en general, a todos los sectores sociales y productivos de la Argentina. Las medidas incluyeron la transferencia directa de recursos a las familias y las empresas, así como el acceso al crédito y la postergación de vencimientos de pagos de impuestos, tanto como la protección de les consumidores y las empresas respecto de los alquileres en curso y la prestación de servicios públicos. También se desarrollaron numerosas políticas públicas orientadas a asistir a las mujeres, las disidencias y las infancias en situación de violencia en el particular marco del aislamiento.
En la medida en que se fue equipando el sistema de salud, definiendo los protocolos necesarios y concientizando a la sociedad, se fue pasando según la evolución de la pandemia en cada territorio del aislamiento al distanciamiento social, lo que fue permitiendo la reapertura de la gran mayoría de los sectores de nuestra economía. Sin embargo, y a pesar del enorme esfuerzo hecho por el Estado nacional, las provincias y los municipios, las restricciones temporales decretadas en nuestro país, así como en la gran mayoría de los países del mundo a los que exportamos nuestros productos, tuvo inevitables efectos sobre nuestra economía.
Si bien la crisis sanitaria generó contracciones económicas en todos los países del mundo, en nuestro país estas contracciones se vieron agudizadas por la recesión económica que dejó el macrismo, caracterizada por un fuerte endeudamiento externo, una importante caída de la actividad económica y un aumento escandaloso del desempleo, la pobreza y la indigencia, especialmente entre las mujeres, les jóvenes y les niñes.
Frente a esta dolorosa realidad es que desde el bloque oficialista impulsamos este aporte solidario y extraordinario a las grandes fortunas, con el objetivo de dotar al Estado de los recursos necesarios para hacer frente a esta situación de extrema emergencia. Se trata de un esfuerzo por única vez que tendrán que hacer las personas con patrimonios superiores a los 200 millones de pesos, que según información suministrada por la Administración Federal de Ingresos Públicos constituyen un universo de aproximadamente 9.300 personas.
El destino de estos recursos está clara y específicamente estipulado en la letra de la iniciativa. Un 20 por ciento será destinado a la compra y/o elaboración de equipamiento médico, elementos de protección, medicamentos, vacunas e insumos críticos para la prevención y asistencia sanitaria. Un 20 por ciento será destinado a subsidios a las micro, pequeñas y medianas empresas con el objetivo de sostener el empleo y la remuneración de les trabajadores. Un 20 por ciento será destinado a reforzar las becas Progresar para estudiantes. Un 15 por ciento será destinado al Fondo de Integración Socio Urbana para el mejoramiento de la salud y las condiciones habitacionales de les habitantes de los barrios populares. Y, finalmente, el 25 por ciento restante será destinado a programas y proyectos de exploración, desarrollo y producción de gas natural. De esta manera se evita toda discrecionalidad y cada centavo recaudado se invierte en sectores claves para atender las distintas problemáticas sanitarias, sociales y productivas que nos presenta este particular contexto.
Desafíos extraordinarios requieren respuestas extraordinarias. Pero, por sobre todas las cosas, exigen el compromiso y la solidaridad de quienes más tienen con el conjunto del país que les ha permitido desarrollarse.
Si le va bien al país, nos va bien a todes, a quienes menos tienen y a quienes más tienen. Comprometides, unides y solidaries con la Patria y con quienes más nos necesitan. Sólo así saldremos adelante de esta crisis inédita en la Argentina y el mundo entero.