Este proyecto que venimos a aprobar hoy incluye muchísimas herramientas que van directo a uno de los grupos más golpeados, siempre, sin importar el momento, en nuestro país: el de los niños y las niñas.
Golpeados por la pobreza, que ya alcanza al 60 por ciento de los niños y las niñas; por la desnutrición, que alcanza a un tercio de ellos, y a la vez por la obesidad, que alcanza al 40 por ciento. Son los primeros que sufren la violencia, fuera y dentro de sus familias, y a los que más afecta la falta de una vivienda digna y de esperanzas de avanzar. Son los mismos a los que se intenta rápidamente criminalizar.
Esa niñez viene a ser protegida por este proyecto de ley desde sus primeros pasos. Y no puede más que acompañarse, porque todos sabemos que los primeros años de vida van a marcar a fuego el futuro de esos niños y esas niñas.
Es la diferencia entre un argentino y una argentina que están llenos de potencialidades, por un lado, y uno o una que no tienen futuro, por otro.
Como sociedad, desde los niños y desde nuestros habitantes y hasta la clase dirigente, tenemos que seguir pensando este tipo de proyectos. Debemos buscar las potencialidades; confiar en los más chicos, que son quienes van a empujar este país, y subirlos al barco del progreso.
Este proyecto de ley hace esto con una forma particular, es decir, con coordinación entre cuerpos gubernamentales. En esto vemos una orientación que, por suerte, cada vez está más presente, pero de la que nos falta mucho: ver la niñez como un todo.
Uno de los temas que más discutí en la campaña del año pasado fue la necesidad de repensar los esquemas en la educación, de encarar las escuelas como puerta de entrada de las políticas públicas, centro de vida esencial de la comunidad educativa y eje de llegada del Estado a esas familias que necesitan una mano. ¿Por qué? ¿No deben las escuelas dedicarse a la educación y no al asistencialismo? La respuesta no es tan fácil y cualquiera que plantee los problemas de la niñez con simplificaciones está errando el diagnóstico.
Como señalé al principio, La situación de nuestros niños y niñas es muy grave. Si no nos paramos como sociedad para poner el foco allí y dar un futuro a esos argentinos que son quienes van a hacer la Argentina del futuro, no van a poder estudiar, gobernar y trabajar. El problema de la educación no puede estar aislado de los estudiantes y sus familias. Un chico que no tiene para comer no puede estudiar. Un chico sin esperanza no sabe para qué estudiar. Un chico que no ve a sus padres progresar por el trabajo no va a luchar para hacer realidad sus sueños.
La escuela tiene que trabajar coordinadamente con todos los programas públicos de vivienda, de salud, de asistencia económica y alimentaria y de empleo. Tiene que ser un lugar donde esa familia tenga una solución; no puede ser un aguantadero. No debemos tener familias que se quejen por una medida sindical porque no tienen donde dejar a sus hijos. Tenemos que lograr familias que sean parte de esa comunidad, donde haya un ida y vuelta.
Este proyecto de ley está pensada desde la coordinación. Ese es el camino, porque un niño es una potencialidad infinita y no un problema.
Es la posibilidad de crecer como familia y de salir adelante. Pero esa familia tiene que saber que puede tener una ayuda para la alimentación, vestirse y no pasar frio, cuidar su salud y saber dónde acudir por un problema de salud. Debe tener contención de esa gran familia que es la Argentina, y donde todos tenemos que poner el hombro, como decía hace poco al tratar el proyecto de ley de impuesto a la riqueza.
Esta es una iniciativa de justicia social, ya que brinda herramientas a los que menos posibilidades tienen. Porque es a estas familias a las que a veces más les cuesta poder pensar en el futuro, cuando tienen que darle de comer a su hijo y tomarse un colectivo a las cinco de la mañana para ir a un hospital. Para estas familias, muchas veces, el hecho de tener un hijo se torna cuesta arriba. Esa es tal vez la injusticia más grande que la Argentina puede cometer con sus habitantes: que los ricos puedan elegir sin problemas formar una familia, mientras que los que menos tienen deban sufrir todo esto para poder soñar con una.
Este proyecto de ley ayuda un poco a que eso no sea así, a que los que menos tienen puedan soñar con una familia y elegir su plan de vida, sabiendo que el Estado va a estar con ellos en esos momentos difíciles, que cuestan, pero que son tal vez los más valiosos para ella. Queremos levantar los problemas para que esa potencialidad de nuestros niños y niñas, de esas familias, sean todo lo que quede. Porque eso es justicia.
Esta es una iniciativa que todos vamos a acompañar orgullosos, en esta sesión tan compleja.
Pero quiero marcar algo que siempre destaco en todos los temas porque debemos tenerlo siempre presente en el Congreso Nacional: la billetera tiene que estar donde están nuestras palabras. No veo eso en este proyecto de ley. ¿Dónde están las partidas específicas, las asignaciones especiales y los fondos dedicados a esta política?
No quiero más leyes que nos dicen una cosa, pero luego no tienen los fondos para hacerlos realidad. Esto es algo que me preocupa. Si tenemos un compromiso, pongamos el dinero que sea necesario. Porque podemos decir lo que queramos, pero sin fondos los derechos son un sueño y materia de especulación y conversación, pero no cambian realidades y no resuelven problemas.
Espero equivocarme y que esta iniciativa se materialice pronto. Si no fuera así, el proyecto de ley de presupuesto para 2022 nos tendrá allí para insistir en estos temas.