10. INSERCIÓN SOLICITADA POR LA SEÑORA DIPUTADA NAJUL

Modificación del índice de movilidad jubilatoria

Con la sanción definitiva del proyecto venido en revisión del Senado, la Argentina va a dar un paso más en el camino que más la identifica, por el que más la reconocen en el plano internacional: el de la imprevisibilidad, el del corto plazo, el de los errores no forzados, el de los parches jurídicos interminables.
Frente a nosotros tenemos un texto que establece la actualización de las remuneraciones del sector pasivo de la economía -nuestros jubilados- a través de un índice que combina, a partes iguales, la evolución de los salarios correspondientes a los trabajadores formales registrados por el Ministerio de Trabajo y la recaudación tributaria de la ANSES. El componente central de una fórmula de movilidad porque, justamente, garantiza la previsibilidad y la adaptabilidad del cálculo a la coyuntura macroeconómica- no está. La inflación, que junto a los salarios rige la actualizados de haberes de jubilados y pensionados en la mayoría de los países desarrollados y en vías de desarrollo, tampoco.
Veamos el año 2020. No es necesario prefigurar escenarios: tenemos las herramientas para dotar de un realismo innegable al análisis. En el primer semestre la recaudación de este año tan particular cayó casi un 14 por ciento en términos reales, respecto al mismo período del año anterior. La fórmula que promueve el oficialismo dejaría desamparados a miles de jubilados en este contexto. Incluso en un año de expansión, con un nivel recaudatorio y salarios por encima de la inflación, este éxito fiscal no se trasladaría a nuestros viejos. ¿Por qué? Por el tope del 3 por ciento respecto a la recaudación de ANSES que establece la iniciativa del gobierno. Es claro como el agua el mensaje que da el Frente de Todos: la recesión la compartimos; el crecimiento, no.
A quienes trabajaron años y años por el país, a quienes soportaron innumerables vaivenes y crisis, a quienes apostaron por formar una familia en Argentina, los estamos metiendo en un torbellino innecesario e injusto de inestabilidad. Eliminar la evolución de los precios de la fórmula jubilatoria borra de un plumazo con la previsibilidad que debemos a nuestros mayores.
Las modificaciones del régimen impositivo, a las que estamos tristemente habituados, y las variaciones en el mercado formal de trabajo en un contexto de precarización laboral van a condicionar muy fuertemente que los jubilados puedan o no comprar los mismos kilos de carne del mes pasado, o que puedan acceder a los remedios y tratamientos que necesitan. A que puedan, en definitiva, llevar la vida tranquila y sin sobresaltos que se merecen.
No dejan de sorprender los argumentos del gobierno. El principal de ellos, casi el único podríamos decir, es que esta fórmula se parece a la que rigió entre 2008 y 2015. Como siempre, frente a los micrófonos cuentan -con suerte- la mitad de la historia. Queda afuera el capítulo que habla sobre el 80 por ciento que perdieron jubilados y pensionados en los seis años anteriores; también el desequilibrio fiscal que suponía la continuidad de esa fórmula en un contexto internacional muy difícil para los países emergentes como la Argentina.
Todos tenemos cuentas que rendir y cosas para corregir en la lógica cortoplacista que ha marcado nuestro derrotero por demasiadas décadas. No se trata de echar culpas a diestra y siniestra. Tampoco de minimizar las dificultades que implica gobernar el país en medio de una pandemia.
Por eso mismo no pedimos imposibles ni criticamos irresponsablemente desde la tribuna. Más bien, reclamamos razonabilidad y proponemos alternativas desde todos los espacios institucionales que ocupamos en representación de la ciudadanía.
Alguien se los tiene que decir: no metan a los jubilados en su relato épico que va quedándose sin narradores y sin oyentes. No dibujen cifras cuando la última fórmula de movilidad vigente garantizaba un 42 por ciento de aumento a quienes cobran la mínima, 7 por ciento más que el incremento efectivo de este año. No festejen aumentos por decreto como triunfos propios, cuando prometieron 20 por ciento de suba antes de las elecciones primarias, pero a las pocas horas de entrar a la Casa Rosada suspendieron la fórmula votada por el Congreso, como prescribe la Constitución. No tiñan de heroísmo una medida que deja a los adultos mayores desprotegidos y a merced de la discreción del Ejecutivo.

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