La normalidad, que asumimos como estable, se vio trastrocada con inusual profundidad y a velocidad de vértigo. Todos los actores sociales hemos resignado muchas de las especulaciones particulares, porque existe un objetivo común que nos empuja hacia el consenso. De cada compatriota esperamos responsabilidad y compromiso cívico. Como legisladores, nos corresponde, por lo tanto, y como imperativo ético, redoblar esa misma actitud, convirtiéndola en soluciones para toda la sociedad.
Existe una máxima que ha permitido el avance de la humanidad: detrás de toda crisis existen oportunidades. Este fenómeno de resiliencia, indudablemente, es propicio para el contexto generado por el coronavirus.
Forzados por tal contexto extraordinario, hemos cambiado nuestras rutinas y la forma de interactuar en todos los ámbitos sociales. Probablemente, muchas de estas formas inusuales retrocedan, pero otras tantas se transformarán en nuevos paradigmas de convivencia.
La tecnología, con sus avances revolucionarios, ha permitido que la pandemia pueda afrontarse y soportarse con mejores herramientas que en el pasado. Afortunadamente podemos hacer uso de esas capacidades tecnológicas para atender las vulnerabilidades y desafíos que supone la COVID-19. Más aún, estas competencias continuarán aportando su utilidad significativa durante el próximo horizonte de normalidad sanitaria.
Quizás en el pasado reciente nos perdimos en discusiones principistas; discusiones que, vistas en perspectiva, resultaron estériles y nos condujeron a derrochar un recurso valiosísimo: el tiempo. Aprovechemos hoy, entonces, para recuperar ese tiempo perdido y convertir en una ley provechosa este paradójico escenario de crisis y oportunidades confluyentes.
Atender las necesidades de los pacientes con la aplicación de la mejor tecnología disponible es algo evidente para la lógica más elemental. La propuesta que se ha debatido en las comisiones y que llega como dictamen para nuestra consideración ha zanjado, gracias al aporte de expertos y al análisis legislativo, las dudas y los temores de los más prevenidos en la materia.
Facilitar el tratamiento médico y psicológico con la receta digital y a través de la teleasistencia es una oportunidad fantástica de nuestra época. Nos permite sumar acciones eficientes para superar la pandemia. Además, quedará como herencia positiva para los tiempos venideros.
Este dictamen garantiza todos los derechos del paciente, la trazabilidad farmacológica y la calidad de los servicios de salud. La propuesta que tratamos hoy recoge a conciencia los mejores estándares relativos al resguardo de la salud.
Tal vez llegamos a esta solución con alguna demora. Afortunadamente hoy daremos un gran paso hacia la optimización y modernización de los servicios de salud.
Con el orgullo de honrar los derechos sociales de cada argentina y argentino, acompaño esta propuesta para convertirla en ley.