6. INSERCIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR DIPUTADO SÁNCHEZ

Educación a distancia

En primer lugar, quiero mencionar un proyecto de declaración de mi autoría sobre teleducación, cuyo número de expediente es 866-D.-2020, que presenté el 17 de marzo de 2020 cuando todavía no se había dispuesto el aislamiento social preventivo y obligatorio. En ese proyecto de declaración se buscaba que el Poder Ejecutivo promoviera en cada jurisdicción la implementación de las plataformas tecnológicas para que los alumnos pudieran continuar estudiando, garantizando así el cumplimiento de los objetivos pedagógicos, en el marco de la emergencia y la excepcionalidad que se avecinaba en aquel momento.
Es por esto que, si bien la accesibilidad en educación debería ser una medida inmediata, continua, dinámica y eficaz en el tiempo, veo como un avance muy importante que se hayan tratado ahora estas cuestiones en la Ley de Educación Nacional. En este sentido, los proyectos en consideración, y los que se han trabajado para llegar a un consenso, modifican el artículo 109 de la Ley de Educación Nacional.
Quiero destacar algunos puntos. En primer lugar, que la excepcionalidad requiere de un marco normativo que la contenga para continuar las condiciones pedagógicas aun sin poder mantener la presencia.
El COVID-19 no solo es una pandemia que está afectando la salud de la población mundial, sino que además está dejando al descubierto las falencias de los sistemas de salud y al sistema educativo en general.
Cada una de las consecuencias que genera el virus en el comportamiento social podría analizarse desde distintas aristas. Sin embargo, en esta oportunidad creo pertinente que nos cuestionemos su doble impacto en la educación, en tanto afecta la igualdad de oportunidades y, por otra parte, las probabilidades que surgen, ante la posibilidad de pensar algunos de los desafíos tecnológicos que tiene por delante nuestro sistema educativo en pos de ser inclusivo, integrador y con capacidad de respuesta.
Esta vez no será la discusión salarial docente sino una pandemia la que dejó y dejará sin clases a muchos de los chicos del país. El mayor inconveniente aquí es que la Argentina está en desventaja frente a otros países del primer mundo que, aunque decidan suspender sus clases, casi todos los chicos están estudiando desde sus casas recibiendo clases virtuales.
Sin embargo, debemos señalar que en la Argentina la pandemia ha dejado en evidencia una clara desigualdad en el acceso a esas herramientas, no solamente por la falta de equipos o la mala conexión por parte de las familias vulnerables, sino que tampoco se cuenta en muchas escuelas con la calidad necesaria para poder llevar a cabo una educación de manera virtual.
Las posibilidades de contar con un dispositivo de manera adecuada para los alumnos, así como la buena conectividad, varían significativamente de caso en caso, lo cual pone en jaque no solo la realización de encuentros sincrónicos sino, y de manera más contundente, la posibilidad de sostener el vínculo pedagógico en estas circunstancias. La desigualdad en la conectividad no es un dato menor.
En nuestra gestión de gobierno, porque entendimos la importancia de estar a la altura de los tiempos, y en 2016 creamos el Plan Nacional Integral de Educación Digital, que incluyó todas las iniciativas pedagógicas y proyectos vinculados con las TIC: Conectando Igualdad, Primaria Digital y Aulas Modelo. Los unificamos en este Plan Nacional Integral de Educación Digital, donde cambió la nomenclatura. Entre 2016 y 2018 se establecieron los fundamentos normativos y marcos pedagógicos que dieron forma al Plan Aprender Conectados. Este último se complementó con el Plan Nacional de Alfabetización Digital, que busca garantizar el desarrollo de habilidades para la vida y el trabajo en un mundo cada vez más digital, y el Plan Nacional de Conectividad Escolar, con el objetivo de conectar al ciento por ciento de las escuelas públicas y abrir el nuevo Centro Integral de Monitoreo de Tecnología Educativa.
Estos fueron profundos y grandes avances, que miramos no solamente con la entrega de una herramienta tecnológica, de una computadora, sino en forma integral y profunda para complementar el sistema educativo. Fue así como dimos conexión a Internet al 60 por ciento de la matrícula del país.
Tenemos, entonces, un enorme desafío por delante y esta emergencia sanitaria nos da la oportunidad de pensar y comenzar a actuar en consecuencia.
¿Están nuestras escuelas, nuestro sistema educativo, preparadas para pensar en nuevas formas de enseñanza? ¿Es posible que el sistema se adapte a las nuevas tecnologías teniendo en cuenta que los niños de hoy son “nativos digitales” y es imprescindible actualizar nuestros métodos de enseñanza a las necesidades del presente? ¿Cuentan nuestros docentes con la formación necesaria para implementar dichos nuevos métodos y herramientas? Sin dudas se abren muchos interrogantes, pero podemos aproximarnos, al menos, a comenzar la discusión.
Pensar en la educación desde la innovación es pensar en reducir desigualdades garantizando estándares. Estamos convencidos de que la escuela no se reemplaza y que las herramientas virtuales no pueden sustituir al docente ni al rol social de la escuela; pero, sin duda, hoy representan una posibilidad concreta para seguir los procesos formativos de los alumnos.
Por último, quisiera concluir con que esto no es educación a distancia, sino un recurso ante la emergencia. El lugar de los chicos es la escuela y el de los docentes, estar con sus alumnos.
Nosotros estamos convencidos de que la escuela no se reemplaza. La escuela nos viene a traer las herramientas adecuadas para poder generar la educación integral de nuestros niños y jóvenes, que no es solamente el impartir conocimientos.

 

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